viernes, 27 de junio de 2008

LA DOCTRINA DEL ESPÍRITU SANTO

Conociendo al Espiritu Santo

1 Juan 5.6

7Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.

1. La naturaleza del Espiritu Santo
2. Personalidad del Espíritu Santo
3. La deidad del Espíritu Santo
4. Características personales del Espíritu Santo

En esta época hay gran confusión y errores ampliamente difundidos en relación a la personalidad, operaciones y manifestaciones del Espíritu Santo. Estudiosos conscientes, pero extraviados, han sostenido opiniones equivocadas concernientes a esta doctrina. Es vital para la fe de todo cristiano que su enseñanza escritural sea vista en su verdadera luz y sostenida en la proporción correcta.

LA NATURALEZA DEL ESPÍRITU SANTO

Personalidad del Espíritu Santo
Mediante la personalidad del Espíritu Santo se quiere expresar que Él posee o contiene en sí mismo los elementos de existencia personal, en contraste con la existencia impersonal o vida animal. Es difícil definir la personalidad cuando se habla acerca del Ser divino. Dios no puede ser medido por patrones humanos. Dios no fue hecho a la imagen del hombre, sino el hombre a la imagen de Dios. Dios no es un hombre deificado; más bien el hombre es un dios limitado. «Le has hecho poco menor que Dios» (Sal. 8:5 [N. del T.: Así aparece en la versión ASV]). Solamen¬te Dios tiene personalidad perfecta.

Se puede decir que existe personalidad cuando se reúnen inteligencia, emoción y voluntad, o conciencia del yo y autodeterminación, en un individuo en particular. Cuando un ser posee los atributos, propiedades y cualidades de la personalidad, entonces ésta se puede afirmar de manera incuestionable. Sin embargo, como se sugirió al estudiar la doctrina de la Trinidad, cuando se aplica a los miembros de ésta, el término persona tiene que ser utilizado en un sentido especial o limitado, haciendo referencia a distinciones personales más que a organismos separados como cuando se lo usa con respecto a los hombres.

La necesidad de pruebas acerca de la personalidad del Espíritu Santo

1. La necesidad de pruebas. El hecho de que la personalidad del Espíritu Santo ha sido discutida y negada es una cuestión de registro histórico. Aunque las Escrituturas no proveen fundamento para tal disputa o negativa, hay algunas explicaciones posibles acerca de la manera en la cual surgieron estos errores de interpretación. Puede haber sido:

A. Porque, en contraste con las otras personas de la deidad, el Espíritu parece impersonal. «La creación visible de alguna manera hace fácil concebir la personalidad de Dios el Padre; la Encarnación hace casi, si no del todo, imposible no creer en la personalidad de Jesucristo; pero las acciones y obras del Espíritu Santo son tan secretas y místicas, tanto se dice de Su influencia, gracia, poder y dones, que estamos inclinados a pensar acerca de Él como de una influencia, un poder, una manifestación o influencia o la naturaleza divina, un agente más que una Persona» (W. Evans, Las grandes doctrinas de la Biblia, p. 113).

B. Por causa de los nombres y símbolos utilizados para el Espíritu Santo, los cuales sugieren lo impersonal, tales como: aliento, viento, poder, fuego, aceite y agua. Véase una ilustración: «Respondió Jesús: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu"» (Jn. 3:5-8).

«Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todo unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen» (Hch. 2:1-4; cp. Jn. 7:38, 39; 20:22; Ef. 5:18; 1.a Ts. 5:19; 1.a Jn. 2:20).

C. Porque el Espíritu Santo no siempre está asociado con el Padre y el Hijo en las salutaciones y saludos del Nuevo Testamento. Véase como ilustración: «Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirijan nuestro camino a vosotros» (1.a Ts. 3:11).

D. Porque la palabra y nombre Espíritu es neutro en el griego (Pneuma).

Prueba de la personalidad del Espíritu Santo.

Pronombres personales masculinos aplicados al Espíritu Santo: «Pero cuando venga el Consola¬dor, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará tes¬timonio acerca de mí» (Jn. 15:26).
«Pero yo os digo la verdad: "Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio... Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber"» (Jn. 16:7, 8, 13, 14).

Nos volcamos hacia la gramática para establecer la personalidad del Espíritu Santo, porque el uso de los pronombres neutros ha sido responsable en gran medida de la idea de la impersonalidad del Espíritu. La palabra griega para “espíritu” es pneuma un nombre neutro. Este argumento se torna mas notorio cuando vemos que los pronombres masculinos se utilizan en conexión con pneuma, excepto donde la construcción obliga a utilizar un neutro (Ro. 8:16), mostrando de este modo que la idea de la Biblia acerca de la personalidad del Espíritu Santo domina la construcción gramatical.

Cristo, El vocero de Dios de suprema autoridad, repetidamente vierte en el depósito de verdades del Nuevo Testamento numerosos pronombres personales haciendo referencia al Espíritu Santo, lo cual muestra, más allá de toda duda, que Él reconocía al Espíritu como personal en naturaleza

Hay otro testimonio gramatical que debe ser mencionado, y ése es el uso por parte de Cristo. del nombre masculino parakletos al referirse al Espíritu (Jn. 14:16, 17). Jesús mismo fue un Consolador (1.a Jn. 2:2) para los discípulos, y les ofrece consuelo cuando está a punto de partir al pro¬meterles otro Consolador (pargjdetos). Todo lo que Jesús fue para los discípulos, lo iba a ser el Otro, y aún más, por causa de las limitaciones humanas de Jesús: una Persona que viene para tomar el lugar de una Persona.

Asociaciones del Espíritu Santo con las otras personas de la deidad y con los individuos: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt. 28:19); «Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias» (Hch. 15:28; cp. 2.a Co. 13:14).
Tales asociaciones, las cuales son personales, solamente se pueden entender en relación con personalidades

Características personales atribuidas al Espíritu Santo. Mediante características no queremos decir manos, pies u ojos, ya que éstos denotan corporeidad, sino cualidades tales como conocimiento, sentimiento y voluntad, los cuales denotan personalidad.

- Inteligencia: «Pero Dios nos la reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el Espíritu del hombre que está en Él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1.a Co. 2:10, 11).

«Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos» (Ro. 8:27).
El Espíritu Santo no es meramente un poder o influencia iluminadora, sino que es una Persona que posee intelecto, que conoce las cosas profundas de Dios y nos la revela.

- Voluntad: «Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como Él quiere» (1.a Co. 12:11). Aquello que es impersonal, no posee volición.
-Amor «Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios» (Ro. 15:30). Se puede decir que debemos nuestra salvación de manera tan cierta al amor del Espíritu, tanto como la debemos al amor del Padre y al amor del Hijo.

-Bondad: «Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed» (Neh. 9:20).

- Tristeza: «Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención» (Ef. 4:30). Uno no puede entristecer la ley de la gravedad ni hacer que se lamente el viento del este. Por lo tanto, a menos que el Espíritu Santo sea una persona, el mandamiento de Pablo aquí sería sin sentido y superfluo.
Acciones personales atribuidas al Espíritu Santo. A lo largo de las Escrituras se representa al Espíritu Santo como un agente personal que ejecuta acciones solamente atribuibles a una persona.
-Escudriña las cosas profundas de Dios: «Pero Dios nos la revelo por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios» (1.a Co. 2:10).

- Habla: El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios» (Ap. 2:7). También se habla acerca del Espíritu como clamando (Gá. 4:6) y como dando testimonio (Jn. 15:26).

-Intercede: «Y de igual manera el Espíritu nos ayudaren nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles» (Ro. 8:26).

-Enseña: «Mas el Consolador, el Espíritu San¬to, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho» (Jn. 14:26; cp. Jn. 16:12-14; Neh. 9:20).

-Conduce y guía: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hi¬jos de Dios» (Ro. 8:14; cp. Hch. 16:6, 7).

-Llama y comisiona a hombres: «Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: "Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado"» (Hch. 13:2); «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual ganó por su propia sangre» (Hch. 20:28).

E. Trato personal recibido por el Espíritu Santo:

- Rebelarse en contra de Él y hacerlo enojar: «Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su Santo Espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y Él mismo peleó contra ellos» (Is. 63:10; cp. Ef. 4:30).
- Se le miente: «Y dijo Pedro: "Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?"» (Hch. 5:3).

Es blasfemado: «Por tanto os digo: "Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado, pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero"» (Mt. 12:31, 32).
Webster dice que blasfemar significa «hablar del Ser Supremo en términos de irreverencia impía; denigrar o hablar a manera de vituperio acerca de Dios, Cristo o el Espíritu Santo». En consecuencia, es claramente imposible blasfemas a menos que el objeto de irreverencia sea tanto personal como divino.

Declaración doctrinal: Las Escrituras demuestran que el Espíritu Santo es una persona, mediante el uso de pronombres personales, asociaciones personales, posesión de características personales, acciones personales ejecutadas y tratamiento recibido.

«Teóricamente, podemos creer esto. En nuestro verdadero pensamiento acerca de Él, o en nuestra actitud práctica hacia Él, ¿lo tratamos como a una persona? ¿Lo consideramos en verdad una persona tan real como Jesucristo: tan amante, sabio y fuerte, tan digno de con
fianza y amor y sumisión, como a Él? .Él vino a ser para, los discípulos, y para nosotros, lo que Cristo había sido para ellos durante los días de Su comunión personal con ellos (Jn. 14:16, 17). ¿Conocemos "la comunión del Espiritu Santo? (2.a Co. 13:14)".

La importancia de la personalidad del Espíritu Santo

1. En conexión con la adoración. Si el Espíritu Santo es una Persona divina y, no obstante, es desconocida, e ignorada como tal, está siendo privada y despojada del amor y la adoración que se le deben. Si, por el contrario, es una influencia, fuerza o poder que emana de Dios estamos practicando idolatría y falsa adoración.

2. Desde el punto de vista del servicio. Es necesario decidir si el Espíritu Santo es un poder o fuerza de la cual tenemos que tomar y usarla, o si es una persona de la deidad, que nos va a controlar y utilizar. Una concepción nos conduce a la auto exaltación y autoafirmación; la otra a la autohumillación y autor renuncia.

3. Por razón de su relación con la experiencia cristiana. Es del valor experimental más elevado el hecho de que sepamos si el Espíritu Santo es sólo una mera influen¬cia y fuerza impersonal, o si es un Amigo y Auxilio siempre presente, un Compañero y Guía.

La deidad del Espíritu Santo

Las Escrituras enseñan de manera enfática la deidad del Espíritu Santo. Algunos, sin embargo, han negado esto. Arius, un presbítero de Alejandría del siglo iv, introdujo esta enseñanza al sostener que Dios es Una Persona Eterna, que Él creó a Cristo, quien a su vez creó al Espíritu Santo, negando de este modo Su deidad. Esta enseñanza ganó una plaza fuerte en la Iglesia primitiva, pero fue contradicha por el Credo de Nicene en el 325 d.C.

El significado de la deidad del Espíritu Santo. Mediante la deidad del Espíritu Santo se quiere expresar que Él es uno con Dios, y uno en la deidad, coigual, coeterno y cosustancial con El padre y el Hijo.

La prueba de la deidad de Espíritu Santo. Aún más evidente que la personalidad del Espíritu Santo es la verdad de Su deidad. Las Escrituras abundan en evidencias de este hecho.
1. Nombre divinos que se le otorgan:

A. Es llamado «Dios»: «Y dijo Pedro: "Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusis¬te esto en tu corazón? No has mentido a los hom¬bres, sino a Dios"» (Hch. 5:3, 4).

B. Es llamado «Señor»: «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2.a Co. 3:18).

En los pasajes de más arriba se identifica claramente al Espíritu Santo con Dios de una manera tal que se demuestra Su deidad de manera inequívoca.

2. Atributos divinos que se le atribuyen. Atributos que le pertenecen a Dios sólo se utilizan libremente en cuanto al Espíritu Santo.

A. Eternidad: «¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?» (He. 9:14).

B. Omnipresencia: «¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Ya dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás Tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí Tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano» (Sal. 139:7-10).

C. Omnipotencia: «Respondiendo el ángel, le dijo:
"El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios"» (Le. 1:35).

D. Omnisciencia: «Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el Espíritu del hombre que está en Él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1.a Co. 2:10, 11; cp. Jn. 15:26; X Jn. 16:12, 13).

Obras divinas ejecutadas por medio de Él:

A. Creación: «El Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida» (Job 33:4; cp. Sal. 104:30).

B. Concesión de vida: «Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros» (Ro. 8:11; cp. Gn. 2:7; i Jn. 3:5-8; Tit. 3:5; Stg. 1:18). El Espíritu Santo es el autor tanto de la vida física como de la espi¬ritual.

C. Auditoría de la profecía divina: «Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2.a P. 1:21; cp. 2.° S. 23:2, 3).

Declaraciones antiguotestamentarias acerca de Jehová aplicadas al Espíritu Santo por los escritores del Nuevo Testamento: «Después oí la voz del Señor, que decía: "¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?" En tonces respondí yo: "Heme aquí, envíame a mí." Y dijo: "Anda y di a este pueblo: Oíd bien, y no en¬tendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad"» (Is. 6:8-10).

Compárese esto con Hechos 28:25-27: «Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: "Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: 'Vé a este pueblo, y diles: De oídos oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis; porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyeron pesadamente, y sus ojos han cerrado, para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane.'"»
Compárese Éxodo 16:7 con Hebreos 3:7-10.

«Los profetas eran los mensajeros de Dios; ellos revelaban sus palabras, entregaban sus mandamientos, pronunciaban sus amenazas y anunciaban sus promesas, porque hablaban como si fuesen movidos por el Espíritu Santo. Ellos eran los órganos de Dios porque eran los órganos del Espíritu. El Espíritu, por tanto, debe ser Dios.

La forma en que el nombre del Espíritu Santo es unido en igualdad con el de Dios y el de Cristo:
A. En la comisión apostólica: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt. 28:19).
B. En la administración de la iglesia: «Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios que hace todas las cosas en todos, es el mismo» (1.a Co. 12:4-6).

los cielos, allí estás Tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí Tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano» (Sal. 139:7-10).
C. En la bendición apostólica: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu sean con todos vosotros. Amén» (2.a Co. 13:14).

Declaración doctrinal: Dios, en su Palabra, de muchas maneras inequívocas, proclama distintivamente que el Espíritu Santo no sólo es una persona, sino una Persona Divina.